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Exposiciones

Joan Miró. Evocación de la imagen femenina

Del 26/03/2009 al 21/06/2009

Centro Cultural Bancaja

Plaza de Tetuán, 23 , Valencia

Bancaja y la Fundació Pilar i Joan Miró coorganizan esta exposicición dedicada a analizar la visión de Joan Miró sobre las mujeres. La muestra puede verse en el Centro Cultural Bancaja de Valencia del 26 de marzo al 21 de junio de 2009.
 

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La temática de la mujer impregna toda la obra de Joan Miró. Es una seducción temprana que se inicia en su etapa de formación. Es una obsesión perenne que perdura hasta su madurez. Miró equipara la mujer al universo, sin embargo, su representación de la figura femenina suele rehusar la idealización o el elogio. Miró observa a la mujer y sus múltiples miradas destilan rigor, humor, ternura, erotismo, dramatismo, poesía o cotidianidad. La producción mironiana está salpicada de desnudos, bailarinas, retratos (verdaderos o imaginarios), maternidades, amantes, mujeres bañadas por el agua, el sol o la luna, cortejadas por pájaros o estrellas, seres híbridos que se confunden con hombres, astros, animales o vegetales. Su fascinación parte de una representación figurativa y descriptiva para devenir un ideograma, una imagen poética y elíptica, una evocación de la mujer, a través de alguno de sus rasgos identificativos, o un signo apenas legible. Década a década, esta exposición rastrea las huellas de dicha obsesión, desde 1919 a 1981, a través de la pintura, el dibujo, la escultura, la obra gráfica, la fotografía, y las imágenes y objetos procedentes de sus estudios de Palma de Mallorca: Taller Sert y Son Boter.
 
 
Los primeros dibujos femeninos de Miró datan de 1915 y fueron esbozados a partir del modelo natural, cuando asistía a clase en el Círcol Artístic de Sant Lluc de Barcelona. Al salir de clase, Miró dibujaba bailarinas del barrio del Paralelo u otros protagonistas de la vida nocturna de la ciudad. En ese período, sus primeros desnudos femeninos ya huyen del academicismo imperante, y la aspereza cromática del fauvismo o las facetas del cubismo transforman sus cuerpos. La exposición parte del cartel diseñado para la revista franco-catalana L'Instant, en 1919, en el que la representación figurativa de la mujer con abanico se contrapone a la descomposición del espacio en círculos y diagonales fruto del cubismo órfico de Delaunay.
 
La pintura detallista se va diluyendo tras su primer viaje a París en 1920, incluso sus retratos femeninos más realistas exhiben ya una belleza insólita. Su creciente interés por la poesía, y el contacto con artistas y escritores dadaístas y surrealistas le descubren nuevos métodos de creación, y modos de representación más conceptuales y metafóricos. A partir de 1924, la figura femenina se esquematiza y estiliza. Sutil e incorpórea, se identifica sólo por el pecho, el sexo u otro rasgo característico. Se transforma en signo, en ideograma. Se observan atisbos de cosificación de la figura femenina: las escuadras inspiradas en la pintura metafísica de Giorgio de Chirico ocupan el pubis. Además, bajo el influjo de la ironía de Duchamp o la estética mecanicista de Picabia, las bailarinas de Miró se convierten en “juguetes” activados con cuerda o con un mecanismo con rueda. Esta simplificación y despojamiento desemboca en las pinturas oníricas (1925-27), cuyos fondos modulados y etéreos albergan también mujeres como en Peinture (1925). Posteriormente, los retratos imaginarios de 1929 le permitieron la libre interpretación de pinturas de artistas de otros períodos. Un territorio que Miró exploró con asiduidad.
 
Desde 1927, su deseo de “asesinar la pintura”, su cuestionamiento de la pintura convencional y del virtuosismo técnico, le impulsaron a crear collages, picto-objetos, objetos poéticos u otras obras tridimensionales, en los que la mujer sigue teniendo relevancia. A partir de 1931, se reconcilió de nuevo con la pintura en una serie de óleos sobre papel Ingres en los que la mujer es, una vez más, protagonista. La mujer contemporánea o de época se prodiga en las tarjetas postales u otras imágenes de la cultura popular adheridas en sus dibujos-collage de los años treinta. Esta imagen desenfadada y, a menudo, idealizada de la mujer de tarjeta postal se contrapone a las mujeres inquietantes que pueblan las pinturas salvajes (1934-38), así como a los cuerpos distorsionados esbozados en la Grande Chaumière, en 1937, durante su exilio en París como consecuencia de la Guerra Civil Española. En el verano de 1939, Miró superó el dramatismo en favor de una pintura más lírica y amable, como el gouache dedicado a su esposa Pilar Juncosa, el día 12 de octubre de 1939, que anuncia ya las Constelaciones.
 
Convertida ya en signo, la mujer sigue teniendo protagonismo en los años cuarenta, empezando por la serie de las Constelaciones. La filigrana minuciosa de esta serie, perceptible aún en el boceto para la pintura mural del Terrace Plaza Hotel de Cincinnati, ca. 1947, convive o compite con la factura abocetada desde mediados de los cuarenta. A partir de ese período, la representación pictórica de la mujer es menos descriptiva, más abstracta; no obstante, continúa siendo relativamente figurativa en la producción escultórica.
 
Desde mediados de los años cincuenta, la representación femenina más o menos elíptica va cediendo terreno a una evocación de la mujer, a una imagen imprecisa y evanescente como en la pintura La Joie d'une fillette devant le soleil (1960-64). La mujer, finalmente, acaba revistiendo cualquier forma, como en las pinturas Femme, oiseau y Femmes, oiseaux, ambas de 1968, resulta difícilmente descifrable. A veces, el título es la única pista que nos permite identificar la temática femenina, por ejemplo, en Femme espagnole (1972) y Femmes et oiseaux devant le soleil (1973).
 
La presencia de la mujer es ubicua en toda la producción escultórica de los años sesenta y setenta, también en las esculturas creadas partiendo de assemblages de objetos heterogéneos. Estos retazos dispares de realidad –calabazas, latas, cucharas, balones– son sometidos a un proceso de humanización que los metamorfosea en mujeres, maternidades, seres híbridos o jóvenes que sueñan con la evasión.
 
La mujer ocupa también un lugar privilegiado en los proyectos de escultura monumental y arte público. El embrujo de la mujer pervive también en la etapa final de la producción mironiana. Los cuadernos de dibujos o la obra gráfica de los ochenta retoman temas y motivos femeninos recurrentes, como Jeune-fille o Danseuse espagnole, o bien amplían el catálogo con nuevas imágenes, como las de la serie Gens de la Mer, o la Marchande de Couleurs.
 
En total esta exposición reúne 154 piezas. 128 obras de Joan Miró (Pinturas, esculturas, y dibujos), 9 objetos originales  de los talleres de Joan Miró: Taller Sert y Son Boter  y 17 imágenes  originales  de los talleres de Joan Miró: Taller Sert y Son Boter (recortes de prensa, tarjetas postales, más el torso de una muñeca.)
 
Esta exposición, que fue presentada por primera vez en la Fundación Joan i Pilar Miró de Palma de Mallorca, sigue la estela de Picasso. Retratos de Jaqueline en la cual Bancaja profundizaba acerca de la relación del genial pintor malagueño con la figura femenina.
 
Acompaña a la muestra un taller didáctico dirigido fundamentalmente a niños de todas las edades.