Jean Tinguely (Friburgo, 1925) pasó su infancia y juventud en Basilea, donde se formó como decorador en la escuela de Artes y Oficios durante la segunda Guerra Mundial. Allí comenzó a practicar una pintura abstracta muy influida por el surrealismo, la Bauhaus y, sobre todo, por los trabajos de Kurt Schwitters. Al finalizar la guerra, se instaló primero en Zurich para mudarse después a París en 1952 con su primera mujer, Eva Aeppli. Allí entró pronto en contacto con el mundo artístico, conoció a Brancusi y a Yves Klein, y celebró su primera exposición individual en la Galérie Arnaud.
De esa época es su primer relieve sonoro, que exhibió en el Salon des Realités Nouvelles en 1955. Tras conocer a Munari en Milán, adopta para sus obras el término “meta-mecánicas”, cuya finalidad es la de ilustrar que una obra de arte no es algo fijado y definitivo, sino que por si misma es creativa dentro de las potencialidades que le han sido otorgadas. En 1959, Tinguely realiza la Métamatic o Máquina de pintar, totalmente automática y cuyo brazo entintador, movido por un motor de explosión, realizaba dibujos sobre un papel que era automáticamente cortado y distribuido. Expuesto la 1ª Bienal de París, el Métamatic nº 17 tuvo un enorme éxito.
En los años sesenta experimentó con tendencias muy diferentes, como el junk art, el nuevo realismo y el arte cinético, entre otras, y exploró las posibilidades que la mecánica puede ofrecer a la creación plástica. En la obra Eureka (1964), una máquina enorme que creó para la exposición nacional de Suiza, aparecen las que serán las características esenciales de su escultura, donde se percibe la influencia de los ready mades de Duchamp y la provocación de sus manifestaciones públicas heredada del espíritu dadaísta. Las máquinas de Tinguely, creadas a partir de objetos reciclados, rechazan tanto el culto de lo nuevo propio de la sociedad de consumo como el culto al progreso en el que la máquina tiene un papel cada vez más relevante, pues muestra su aspecto más lúdico e inútil al incorporarlas a su arte. El sonido ocupa también un lugar importante en las máquinas y los ensamblajes concebidos por Tinguely, donde intervienen chirridos y crujidos de poleas, de bielas, frotamiento de los diferentes órganos de la máquina, sonidos reales, “naturales” o fabricados, y hasta la voz humana.
Tinguely realizó muchas de sus grandes esculturas en colaboración con otros artistas, como Niki de Saint Phalle, su segunda mujer, Bernhard Luginbühl, Yves Klein o Daniel Spoerri. De hecho, la idea de colaboración artística es esencial en Tinguely, que colaboró no sólo en el campo de la escultura, sino también en producciones para teatro y en el diseño de exposiciones.
En las décadas de los setenta y ochenta comenzó a trabajar en esculturas monumentales como la instalación "Grosse Méta Maxi-Maxi Utopía" de 1987, que se mostró en una retrospectiva en el Palazzo Grassi de Venecia. Sus esculturas-máquina se presentaron en toda Europa: en la Tate Gallery de Londres, en el Georges Pompidou de París o en la Kunsthaus Zürich. Prueba de su éxito son los numerosos encargos de arte público que recibió entonces, como la Fontaine Igor Stravinsky que realizó en 1983 junto con Niki de Saint Phalle para la plaza adyacente al Centro Georges Pompidou.
Tras su muerte, en 1991, su viuda llegó a un acuerdo con la empresa servicios médicos Roche de Basilea para la creación de un museo que albergara su obra, que se inauguraría en 1996 en la finca donde Tinguely tuvo el taller y residencia.